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sábado, 13 de septiembre de 2014

Vladimir Suchan: el sabotaje de Minsk y el manifiesto de Mozgovoi 

El protocolo de alto del fuego de Minsk y el sabotaje maestro de la diplomacia rusa

Traducción de Nahia Sanzo
VsuchanSi Flaubert consiguió, para mí, la excelencia con tan solo una puñado de palabras “Hizo como que pensaba”, Saker ha llegado a su punto álgido con su maravillosa descripción de ese atroz, tanto en lo político como en lo diplomático, Protocolo de alto el fuego de Minsk: “conociendo el excesivo grado de incordio y pedantería con el que los diplomáticos rusos suelen exigir que se manejen las palabras, solo puedo concluir que han saboteado deliberadamente este acuerdo, que únicamente busca desinflar el ambiente belicista de la cumbre de la OTAN”. (El artículo original complete: The Vineyard of the Saker)
En otras palabras, la iniciativa de 7 puntos de Putin estaba tan mal escrita que Saker concluye no solo que tiene que estar escrita por diplomáticos rusos, sino que esos diplomáticos rusos han tenido que componer ese protocolo de Minsk tan terriblemente a propósito. ¿Cómo si no podría alguien inteligente y razonablemente bien educado producir algo tan terrible? Es imposible hacer algo tan mal simplemente por error. Hay que ser un maestro para conseguir algo así.
¿Pero por qué habrían los diplomáticos rusos de sabotear deliberadamente el documento y hacerlo tan pobremente, apareciendo así como tan incompetentes como el propio escrito? Según Saker, no hay en ello intención alguna de sabotear a Novorossiya ni a su lucha, sino al ambiente belicista que rodea a la OTAN, saboteando el acuerdo de alto el fuego.
¿Pero cómo podría la OTAN perder ese ambiente belicista al recibir unas previsiones tan terribles para Novorossiya? ¿Por ver el terrible trabajo de los diplomáticos rusos? ¿Simplemente por la sorpresa? ¿O puede quizá que este sabotaje haya hecho su ambiente belicista mucho más feliz y relajado?
¿Será que hemos encontrado por fin el secreto para desinflar a la OTAN y su agresividad saboteando nuestro propio trabajo, prometiendo disolver a Novorossiya en distintas regiones de estatus especial en el que los Nazis podrían, en un futuro cercano, escribir laley y organizar sus propias elecciones? ¿Sabotear una paz genuina y basada en principios a los que Rusia, Putin y sus aliados pueden comprometerse lo que puede derrotar al belicismo y la agresividad de la inteligencia de la OTAN y a sus planes, en los que, según dijo Avakov recientemente, lleva décadas trabajando?
¿Quiere esto decir que cuánto peor trabajo hagan los diplomáticos rusos, cuanto más saboteen, más se desinflará la OTAN, haciendo así más y más efectivo el trabajo de la diplomacia rusa?
Todo esto es abrumador. En una situación como esta, son necesarias una o dos copas. Y después es necesario comenzar a comprender cuál es la mejor estrategia, escribir y pensar que, en lo que se refiere al futuro de Novorossiya y Rusia, puede que, como enseña Saker, cuanto peor sea mejor.
Borracho de lágrimas,
Vlad, Czechmate

Lo divino de los adolescentes omniscientes

Cuando uno se cree omnisciente, incluso sus meteduras de pata deben parecer una genialidad.
Todos teníamos claro que el régimen de Kiev usaría este alto el fuego adolescente para “reagruparse” y poder así avanzar contra un enemigo más fuerte y mejor armado. Cada error que cometemos es, no solo deliberado, sino omnisciente: la conciencia de que no es un error lo hace automáticamente un plan brillante.
Así que cuando parece que actuamos de forma infantil, en realidad estamos actuando de forma cuasi divina. Desde luego que el alto el fuego pactado peca de ingenuo: aseguramos al enemigo que pararíamos nuestra ofensiva aun sabiendo a ciencia cierta que el enemigo violaría el alto el fuego, aun sabiendo que no responderíamos hasta que el enemigo nos hiciera un daño irreparable.
Nos hemos convencido de nuestro propio ingenio al dar al enemigo carta blanca para atacar y para elegir cómo y en qué grado violar un alto el fuego unilateral recordándonos a nosotros mismos que sabíamos lo que iba a pasar. Vemos nuestros errores antes incluso de que se produzcan, salvo que nuestra omnisciencia nunca nos permitiría reconocerlos como errores. Ningún genio puede permitirse eso.

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